jueves, septiembre 11, 2014

¡SABATINO DE PANADERÍA EN MARGARITA! (inicia el 20 de Septiembre)



Tal como prometimos, tenemos listo el "CICLO DE SABATINO DE PANADERÍA", para un cupo de 18 personas.

Es uno de los Cursos más interesantes, versátiles, divertidos y DIVINOS!!! que hay.

El Curso está pensado para aficionados y sin la utilización de la Máquina amasadora, sino el amasado manual para que puedan ponerlo en práctica en casa, lo que lo hará más fuerte físicamente, pero con el conocimiento de poder hacerlo sin la amasadora.

CURSO: PANADERÍA PARA AFICIONADOS

PROFESOR: CHEF PANADERO RICARDO FERRER

FECHA DE COMIENZO: SÁBADO 20 DE SEPTIEMBRE 2014

FECHA DE CULMINACIÓN: SÁBADO 25 DE OCTUBRE 2014

HORARIO: de 8:00 am a 12:00 pm

INVERSIÓN: Bs. 8.000,00 -  Bs. 4.000,00 para Inscripción antes del 05/9 y Bs.  4.000,00 el 05/10

UNIFORME: Tenemos el juego de Delantal con Peto y Gorro a Bs. 800,00

INCLUYE: RECETARIO Y CERTIFICADO DE ASISTENCIA




RESERVA DE CUPO:  Para reservar cupo por favor escribir a cursoscortosictc@gmail.com, manifestando su interés, indicar nombre, tlf y correo y número de personas. Recibirán otro correo con la información bancaria para el pago del (los) cupo(s).


CURSO SABATINO DE PANADERIA

1.er. Sabado  20/9
.- Pan dulce de anís.
.- Pan Andino.


2do. Sabado.  27/9
.- Pan de Hierbas y Aceitunas Negras.
.- Pan De Costra.

3er. Sabado.  04/10
.- Pan Sobado.
.- Pan de Queso.

4to. Sabado  11/10
 .- Cachitos de Jamón.
.- Trenzas de Azúcar.

5to. Sabado.  18/10
 .- Pan Integral.
.- Pan de Avena y Pasas.

6to. Sabado.  25/10
.- Pan de Jamón.
.- Stollen (Pan Dulce Austriaco típico de Navidad).

martes, septiembre 09, 2014

Sábado 20 de Septiembre. ¡Inicia el Sabatino de ICTC!



El CICLO SABATINO del Instituto Culinario y Turístico del Caribe consta de 12 sábados consecutivos de clases prácticas, el próximo ciclo iniciará el sábado 20 de Septiembre de 2014 y culminará el sábado 06 de Diciembre de 2014. Para este curso no se necesita entrevista ni asistir a la charla.
El horario es de 08:00am a 12:00m.
Inscripción: BsF. 4.500 (Incluye uniforme y manuales).
Mensualidades: Tres (3) cuotas consecutivas de BsF. 4.200, que se pagan en septiembre, octubre y noviembre.
Si estás interesado por favor escribir a ictcmargarita@gmail.com para enviarte los datos bancarios de formalización de tu inscripción, enviando tus datos completos.

CURSO SABATINO
CONTENIDO SEMANAL
SEMANA I
VEGETALES
SEMANA II
FONDOS  Y CALDOS DE VEGETALES AVES I
SEMANA III
CARNES I
SEMANA IV
AVES II
SEMANA V
GRANOS
SEMANA VI
PASTAS Y ARROCES
SEMANA VII
ENSALADA Y VINAGRETAS
SEMANA VIII
PESCADOS
SEMANA IX
CARNES II
SEMANA X
PESCADOS II Y MARISCOS
SEMANA XI
AVES II
SEMANA XII
DULCERIA Y/O PANADERIA

martes, septiembre 02, 2014

379 LA NUEVA CARA DEL HAMBRE


Un sexto de todos los norteamericanos no tienen comida suficiente. La inesperada frase puede leerse en el artículo “La nueva cara del hambre” que, luego de un extenso trabajo de investigación, publicó este mes el periodista Tracie McMillan (autor del libro “The American Way of Eating”), en la revista National Geographic, y que puede leerse (en inglés) en http://goo.gl/rD1nA5. Artículo que libremente hurgo para escribir este texto.

El reportaje habla de la realidad de madres que esperan ansiosas para comer los sobrantes que sus hijos dejaron en los platos, que escarban en sus carteras para ver si les quedan estampillas de comida (forma directa de subsidio alimentario del gobierno de USA); hombres y mujeres que como todas las cosas que los gobiernos del mundo desean esconder, han sido invisibilizados oficialmente con el eufemismo de “sin seguridad alimentaria”, ya que expresamente se ordenó eliminar el término “hambriento” de cualquier comunicado gubernamental.

Obviamente no se trata de un problema que alcanza los números dramáticos de los países pobres o en vías de desarrollo de la tierra, pero es un problema que viene creciendo peligrosamente. Hablamos de 50 millones de personas (cinco veces más que los que había a finales de la década de los 60 del siglo pasado), y para que se hagan una idea cito textualmente el artículo de National Geographic: “Programas privados para repartir comida gratis a los pobres nacen por todas partes como hongos. En 1980 existían unos cientos de programas de emergencia alimentaria en el país, hoy se calcula que hay 50.000”.

Si el tema es de su interés, en http://goo.gl/mxwynE puede descargar (en inglés) el archivo .pdf de 161 páginas, en donde aparece el estudio titulado “Reporte nacional sobre hambre en América 2014” que fue coordinado por la organización http://feedingamerica.org; una muestra de la por mi envidiada capacidad estadística y asombrosa transparencia de datos que tienen los norteamericanos.

II

Pero lo que mas impresiona del artículo son las fotos de muchos de estos hambrientos. Son blancos, tienen casas, tienen autos viejos… son gordos. Muy gordos. La gran paradoja del siglo XXI: hambre y obesidad son las dos caras de una misma moneda. El daño colateral como cruelmente le dicen algunos a los desmanes de la modernidad.

Con el aumento vertiginoso de precios de la propiedad, la gente menos pudiente tiende a vivir más lejos de sus lugares de trabajo (Los hambrientos suburbanos se han duplicado en los últimos 8 años) y se trata de una población que gana por horas trabajadas, por lo que suele hacerlo hasta altas horas de la noche. Más que personas que no tienen comida, hablamos de familias que no saben exactamente de donde vendrá la próxima comida y que carecen de cualquier tiempo para cocinar.

Cuando se trabaja todo el día para ganar apenas lo justo, no se puede planificar lo que se comerá y dependemos de lo menos costoso. En esas circunstancias que un miembro de la familia no trabaje (por ejemplo la madre), para que se quede cocinando comidas de calidad, es un lujo impensable. Lo más espantoso es que prácticamente en cualquier cono urbano de la tierra, vegetales y frutas son mucho más caros que cualquier porquería enlatada. Cuando uno pasa hambre el problema es llenarse, no alimentarse. Si un trozo de mortadela barata cuesta menos que una manzana, la decisión está tomada. Nadie se detiene a pensar si esa mortadela es un puré de sales de nitro, almidones, grasas saturadas, colorantes, aromas artificiales y probablemente algo de carne.

Nuggets de aglomerados desconocidos, papas fritas de bolsas, neveras que solo tienen botellas de kétchup, macarrones con queso plástico que se calientan en microondas e hidratación a través de baratas aguas gasificadas cargadas de colorante y ese veneno llamado azúcar. Eso come un hambriento de un país del mal llamado primer mundo.

Uno de los pasajes más dramáticos del artículo de National Geaographic, del que he tomado la mayor parte de las referencias de este artículo, es el que trata el hambre en el estado de Iowa, granero de USA y productor de un sexto de todo el maíz y la soya del país del norte de nuestro continente. A los pobres de Iowa este maíz y esta soya les llega en forma de perros calientes hechos con animales alimentados con maíz, refresco barato endulzado con jarabe de maíz y nuggets fritos en aceite de soya. No es casualidad que sea así, porque no es casual que la comida chatarra hecha con soya y maíz sea menos costosa que comprar vegetales. La producción de soya y maíz recibió en 2012 un subsidio directo por parte del gobierno de 11 mil millones de dólares, y en cambio destinaron apenas mil millones en subsidiar frutas y vegetales. Dicho en crudo: el dinero del contribuyente norteamericano se usa para subsidiar la industria de comida chatarra y no al pequeño productor del campo que crece vegetales. En los últimos treinta años el costo de los vegetales ha aumentado 24%.... ¡Y el de las gaseosas disminuido 27%!

El gran mal de la modernidad alimentaria ha sido justamente la pésima distribución  de la salud. Comer sano es cosa de ricos con educación. De hecho en otro artículo del ya citado Tracie McMillan (ver http://goo.gl/f8HbhE) se citan los estudios de Frank Hu (director del programa sobre obesidad de Harvard) que dan cuenta de como se ha ensanchado el abismo de calidad de dieta entre ricos y pobres.

Estamos hablando de una realidad, tal como puede leerse en http://goo.gl/Xigmr7, en donde la presencia de diabetes en aquellas familias que reciben ayuda estatal es 4 veces superior al promedio del país ¡Dato que deja muy mal parada a la palabra ayuda!, tal como escribí hace poco más de tres años, refiriéndome a la situación de Venezuela, en mi artículo “La pobreza saturada” (http://goo.gl/4BWjlJ), y de donde cito, “la seguridad alimentaria pasa por lograr una población sana que pueda vivir muchos años. Una cosa es llenarse la panza y otra alimentarse”.

III

Si algo he aprendido a admirar profundamente de la sociedad norteamericana es la capacidad que tiene su sociedad civil para organizarse y convertir la ayuda a sus congéneres en un evento masivo y efectivo. Basta que haya una catástrofe natural para que se movilice la población con disciplina de colmena. El mismo caso se está dando con estos inéditos números del hambre. Por ejemplo en USA existe la organización AmpleHarvest (http://www.ampleharvest.org) que ha puesto en contacto 7000 comedores populares con aquellas personas que deseen donar los vegetales que les sobren. Desde sobrantes de supermercados y haciendas, hasta pequeños focos de siembra urbana o las mismas casas nuestras. Su método es muy inteligente: programas para celulares que permiten saber cual comedor es el más cercano a la locación de aquel al que le sobra una berenjena, y una campaña de concientización.

La medida y la idea puede ser un gran cambio en un mundo en donde la reducción de  pérdida de alimentos sólo en USA, India y China, se calcula alimentaría a 400 millones de personas. Este último dato tomado del artículo “Cambios pequeños para grandes resultados” de Maryn McKenna, y que puede leer (en inglés) en http://goo.gl/EM649e.

Está en nosotros, presionar como sociedad para que nuestros impuestos subsidien aguacates y no comida chatarra. Presionar para que quienes nos gobiernan cumplan con su mandato de buscar el bien colectivo.


martes, agosto 19, 2014

378 SOBRE LA PELÍCULA LIBERTADOR



Cuando no somos expertos en un área, cuando no sabemos las sutilezas escondidas detrás de un arte, nuestro acercamiento afectivo puede resultar bastante primario, y basarse exclusivamente en si nos gusta algo o no. Vemos un cuadro y decidimos si nos gusta o no. Comemos un plato de autor y decidimos si nos gusta o no. Vemos una película y decidimos si nos gusta o no. Vemos llegar un ciclista a la meta y nos emociona la fiesta, no el recorrido.

A veces, tenemos la suerte de saber un poco más sobre un tema, bien sea porque se nos vuelve parte de nuestra área de experticia profesional o bien porque nos apasiona tanto ese arte, que nos dedicamos a entenderlo. Inclusive muchas veces algo que nos había parecido transparente, pasa a tener colores vivos cuando alguien nos lo explica.

He pasado por todos esos estadios del acercamiento estético. Amo el cine aunque no tenga ni idea de cómo se hace una película, ni se de sombras, ni tengo idea de cómo se hace un guión y mucho menos como se logra un efecto especial. Solo se que amo el cine y, primariamente, solo le digo a la gente juicios de valor que van desde el no me gustó nada hasta el me encantó. Es un ejemplo de acercamiento a la estética basado en la subjetividad más pura.

Nunca le vi gracia al ballet clásico. No es que me molestaba como si podría hacerlo una corrida de toros al punto de asquearme, pero me parecía de un aburrido subido. Pero resulta que me casé con una bailarina clásica que me llevó a ver ballet con explicación incluida. Ante mi nacieron palabras como arabesque, fouetté o pirouette y hoy espero una coda con la expectativa de un niño. Es un ejemplo clásico de algo que me resultaba transparente y de repente cobró luz ante el reflector del conocimiento.

Hasta hace unos años no sabía nada de ciclismo y hoy soy literalmente un adicto a la sensación de libertad y a la calidad de vida que le ha traído a mi vida la bicicleta. Como toda pasión, ha traído consigo un cúmulo importante de conocimiento que va desde la mecánica hasta las sutilezas detrás un Tour de France. Antes disfrutaba los vítores épicos de la llegada dramática a meta de un heroico escalador, hoy disfruto las persecuciones, las estrategias de carrera y hasta el tipo de suelo por el que ruedan. La meta no es más que el orgasmo de un largo coito en este caso. Un ejemplo clásico de acercamiento estético gracias a un conocimiento disciplinado por pasión.

Finalmente está, en mi caso, la cocina. Mi área de experticia. El ejemplo en donde sabemos mucho de las cosas porque nos toca saber. Efectivamente puedo disfrutar mucho más que antes algunas preparaciones porque las entiendo desde su nacimiento; pero también saber ha sido un carga pesada.

Cuando uno sabe mucho de algo deja de disfrutar y eso es cruel porque casi siempre uno aprende mucho de algo por amor. Así como saber nos abre ante sutilezas antes desconocidas, saber también nos vuelve severos e incapaces de entender el entorno. Es cuando un músico experto oye a un coro de niños y lo critica porque no estaban afinados… olvidando que son niños, que están felices, que el momento es mágico. Es cuando comemos una empanada frita frente al mar y la criticamos porque no es perfecta (sabrá Dios que es perfección)… olvidando que no es lo mismo comer empanada en un concurso que ante el privilegio del mar. Hacernos expertos nos desdibuja el entorno, las circunstancias, las consecuencias, y olvidamos lo rico que era cuando simplemente se nos erizaba la piel.

Recientemente se estrenó en Venezuela la película Libertador del director venezolano Alberto Arvelo, con actuación protagónica del actor venezolano Edgar Ramírez y música del venezolano Gustavo Dudamel. La contundencia del talento de los tres y la unanimidad de la crítica internacional respecto a sus capacidades es tal, que nadie pondría en duda que son tres grandes, so pena de pasar por celoso pueblerino. Decir, por ejemplo; que Gustavo Dudamel es un mal director no afecta al maestro sino hace quedar como un bolsa al que lo dice. En ese aspecto, por suerte, hay unanimidad en nuestro país.

En donde no hay unanimidad es en cuanto a la calidad de la película. Sería imposible que la hubiera. A uno, para empezar, le gusta o no le gusta una película. No solo es un derecho, sino lo lógico. A mi me gusta la película. Es más, a mi me gusta mucho la película; pero eso es muy personal y no amerita escribir un texto porque ni le gustará más al que ya le gustaba, ni convenceré al que ya no le gustó.

Lo que me preocupa es la razón de la crítica porque pareciera que se ensarta en ese deporte tan nacional que es suicidarnos permanentemente destruyendo a quienes se han fajado para que el mundo piense que en Venezuela hay algo más que lo que sádicamente nos empeñamos en mostrar. No he leído una sola crítica diciendo que se trata de una película mal hecha. Todas hablan de errores históricos.

Si un experto me dice que no le gustó porque aspectos propios del arte de hacer cine hacen que la película sea de poca calidad, vale. Si alguien me dice que no le gustó porque no le gustó y no sabe ni siquiera porqué, vale. Pero que alguien me diga que la película es mala porque es épica (al punto de comentarios algo miserables como decir que es épica porque eso era un encargo) o porque tiene errores históricos, no lo entiendo. Más cuando los errores históricos que he leído no pasan de ser licencias típicas del cine para poder darle ritmo a una película. Es cine, no documental.

Adoro las películas sobre la vida de Jesús, no se cuantas veces he visto Gandhi, enloquecí con el Amadeus de Milos Forman, me encantó la reciente sobre Lincoln y hasta lloré con el amigo aquel de Corazón Valiente. Todas épicas. Todas cine. Todas efectos especiales. Todas hiper plagadas de licencias históricas para lograr ritmo. Casi puedo estar seguro que una película sobre un personaje histórico que no posea ritmo épico y licencias históricas, debe ser un buen documento y una pésima película. Como yo voy a cine a ver películas, pues prefiero que sea una buena película.

Este caso me recuerda mucho al del libro El General en su Laberinto de García Márquez. Los mortales amamos ese libro porque la sonoridad que logra el escritor colombiano es casi una ópera…. Pero muchos aun no saben que decidir porque todavía discuten si Bolívar comió mango o guayabas en una página.

Como cocinero, me ha puesto a pensar mucho este caso. He dejado de disfrutar platos porque no me gusta su simetría. He dejado de disfrutar un tarkarí porque no es el de verdad (sabrá Dios que es la verdad en cocina). Platos maravillosos que no quise disfrutar porque creía que el entorno esperaba mi opinión experta. Ser experto es una carga pesada que con su severidad nos deja frustrados eternamente buscando el grial inexistente de la perfección… y no quiero ser así, porque vine al mundo para ser feliz.
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P/D Gracias Alberto, Edgar, Gustavo y todo el equipo de Libertador. Que hablen en el exterior bonito de lo que somos me hacía falta.