jueves, febrero 11, 2016

sábado, febrero 06, 2016

402 CARTA A NUESTROS DISEÑADORES GRÁFICOS E INDUSTRIALES



Algunos de los productos de una marca griega que exporta alimentos orgánicos del país. Esta serie de productos se llama Stories of Greek Origins.

1

Chela vive en la vieja carretera que une a Los Robles con La Asunción. Pocos carros pasan por allí desde que se hizo la autopista, lo que es una suerte porque la zona conserva un testarudo aire rural a apenas un par de kilómetros de una isla de Margarita que va modernizándose de manera desordenada. El patio de su casa es un caney de unos sesenta metros cuadrados, con piso pulido, columnas de cemento prefabricadas de las que se compran en mitades y se ensamblan, varias hamacas guindadas justo en el borde y un techo de palma de factura impecable. Un poco más allá, en una pequeña área también techada pero separada del caney, ella y su esposo construyeron hace catorce años una cocina lo suficientemente cómoda como para hacer sancocho para cincuenta personas.
Un sancocho de cachúa con quimbombó, ocumo y pan de año humea quedo. Algunas personas pican en cuatro unas tortas de casabe. Llego puntual a esta invitación de domingo al mediodía. Hay bastantes carros en la estrecha vía de tierra y la algarabía que escapa desde adentro del muro perimetral del terreno de Chela anuncia una buena tarde.
Me recibe radiante la anfitriona y, a medida que me acerco al caney, una enorme pancarta dice: “Gracias por el apoyo a nuestros emprendimientos”. Más abajo de esa frase están los nombres del chef Rubén Santiago, el mío, el logotipo de un espacio que hice para vender sus productos llamado Rincón Asuntino y los logotipos de una universidad, una alcaldía y un ente de turismo.
¡He llegado a una fiesta en mi honor! Más allá de lo halagador que es y del masaje para mi ego, saber que me agradecen el esfuerzo con esta fiesta significa muchas cosas. Cosas por las cuales muchos venimos trabajando desde hace varios años.
2
El movimiento de pequeños emprendimientos gastronómicos en la isla de Margarita es notable. Telúrico. Se dio una tormenta perfecta en la que se sumaron organizaciones civiles y gubernamentales de gerencia cultural, alcaldías, universidades dispuestas a dar herramientas en emprendimiento, ONGs de cultura financiera y chefs con mucho ánimo de sudar y hacer transferencia tecnológica.
No existe una sola semana en la que en varios lugares de la isla no haya eventos de calle para comprar los productos que se hacen cada día en casas de familia. Ya en Margarita es normal ver esos productos en los bodegones compitiendo con las exquisiteces importadas.
Los chips de pan de año de Alberto, los chorreaditos de coco de Helen, la mermelada de ají dulce de Doris, los dulces de Chelita, los antipastos de Ryna, los panes de Lourdes, los bombones rellenos de frutas margariteñas de Michelle, el licor de ají de Mariflor, los frapés de Rubén, los aceites y harinas de coco de Enmanuel, la miel de papelón de Mary, el licor de tamarindo de Elianny, las pepitonas picantes de Freddy. ¡Nombres y nombres de personas y productos que la gente se sabe y los busca!
Un país, unos sueños, una expresión cultural envasada en frascos: una Venezuela para exportar.
3
Todos esos emprendimientos surgieron de personas con buenas ideas, pero con mucho miedo. Todos son emprendimientos familiares y en todos están involucrados varios miembros de esas familias.
Todos los involucrados tenían sus trabajos regulares, su quince y su último. En sus ratos libres fueron pasando por una compleja curva de aprendizaje que va desde aprender a cobrar, hasta garantizar insumos, descubrir que las recetas no quedan igual y hay que aprender a resolverlo, patear la calle para inscribirse en festivales o convencer al dueño de un supermercado para que compre sus productos, sufrir la competencia que aparece luego de allanado el camino, preguntarse cuál es el equilibrio entre costo y ganancia sin salir del mercado, saber cuantos días durará el producto antes de deteriorase, tenerle miedo al sintagma nominal inspector de impuesto sin haber visto ganancia, preguntarse cuánto dinero de las ventas debe usar para el mercado de la casa y cuánto destinar  para recompra de insumos en esta economía inflacionaria, descubrir que sin dinero no hay publicidad y que sin publicidad no hay ventas, lograr la convicción que le permita decir sí tengo siempre, hasta entender que una de las mejores opciones de publicidad del emprendedor familiar es buscar alianzas con periodistas y personajes famosos.
Miedo sobre miedo. Miedos que no te permiten abandonar el trabajo fijo y convierten la rutina en un muro infranqueable que no deja que el emprendimiento se desarrolle. Miedo a esos miedos.
¡Hasta que un día se atreven! Se lanzan al vacío. Queman las naves. Use usted la frase hecha que prefiera: el hecho es que un día le dedican las 24 horas a desarrollar su emprendimiento hasta que juntos hacen un sancocho en un caney lleno de hamacas.
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Aprender que se puede vivir de un emprendimiento es aprender a ser sustentable. Y lograrlo es un proceso de inflexión en extremo complejo que toma mucho tiempo y es apenas el comienzo: el gran reto, más que ser sustentable, es ser sostenible. Es decir: descubrir los mecanismos para perdurar en el tiempo.
No es sencillo aprender a predecir y ser resiliente. Puede sonar cruel, pero luego de un esfuerzo ingente y cuando finalmente logramos mantenernos económicamente gracias a nuestro emprendimiento, es que descubrimos que apenas estamos en la fase inicial. El verdadero lance no está en vivir de un negocio, sino durante mucho tiempo y convertir esas empresas familiares en empresas de vida.
En el caso de Margarita hemos logrado un paso trascendental al lograr que muchas familias estén manteniéndose con lo que hace unos años era apenas un capricho de feria callejera. De hecho, ya algunos de los productos dieron el gran salto a los anaqueles de los bodegones y supermercados más prestigiosos. Es cuestión de tiempo y de resolver algunas trabas burocráticas y de capacidad de producción, para que entonces crucen el mar y lleguen a tierra firme, que es como los margariteños le dicen a todo aquello que no es la isla.
Pero en medio de todo este trabajo coordinado dejamos por fuera una piedra angular: los diseñadores gráficos, los publicistas, los diseñadores industriales. Y si no tomamos acciones pronto, esa omisión puede ser un error muy costoso. Un error que podría bombardear las probabilidades de sostenibilidad de este proyecto.
5
Eso que llamamos “estética” es algo que nadie decreta pero nos envuelve a todos. Las líneas de diseño un automóvil, el corte del cabello, los cambios en la ropa, el lugar que ocupa en el cuerpo un tatuaje, la forma y el material de unos lentes, las portadas de los libros… todo tiene un estilo que representa a generaciones específicas y establece distancia entre aquello que llamamos antiguo y es que consideramos actual. Y el acto de comer no escapa de todo esto.
Las vajillas, las fotos de los platos de comida y la forma de presentarlos, los ingredientes en boga, las tendencias gastronómicas, la noción sobre lo que es sano y hasta la forma de describir un plato en el menú son elementos que están sometido a formas estéticas muy específicas. Y no entenderlo es la diferencia entre vender y no vender.
Mi angustia es grande. En este momento los frascos y las bolsas de nuestros emprendedores reinan tranquilos en los anaqueles. La razón no es otra que el hecho de que la crisis vació esos anaqueles y por primera vez se abrió espacio para este tipo de productos. Pero quiero creer que eso no será así por mucho tiempo. Este país está cambiando y ese cambio es inevitable. Pronto será posible importar de nuevo. Y cuando eso suceda nuestra mermelada, el jabón artesanal, la bolsita de lonjas crujientes de pan de año y el vaso de cepillado dejarán de estar solos: tendrán competencia.
Y usted y yo sabemos que la primera decisión de compra la tomamos con los ojos. Es apenas la segunda vez que la decisión la define el gusto. En pocas palabras: a la hora de comprar una mermelada gana la botella con la etiqueta más bonita y sólo probaríamos otra si la primera no nos gustó.
¿Pero qué significa la botella con la etiqueta más bonita? Pues aquella que tiene la forma, los colores, el tipo de letra, el eslogan, el nombre y la información sobre el producto que los clientes esperan y que se parece a los gustos de esta generación de compradores.
Y eso no queda sólo allí. También hay detalles como la forma de un empaque, la facilidad a la hora de abrirlo, la facilidad de guardarlo si no se va a consumir completo o el sonido al abrirlo. Y eso influye en las decisiones de compra.
Hacer bien todo eso es tarea de expertos. Así como rara vez queda bonita una casa si no es un arquitecto quien la diseña, rara vez queda bonito un empaque o una etiqueta cuando la hacemos con una plantilla en una computadora en casa.
Zapatero a su zapato.
Sería un espanto que, después de todo lo que se ha logrado, se venga abajo la experiencia por no haber involucrado a los diseñadores.
Y acepto mi cuota importante de culpa en ello.
Mi llamado es concreto y sin medias tintas: escuelas de diseño, diseñadores, tomen los casos de emprendimiento gastronómico de Margarita y donen su saber a estas familias. Si nos dicen que sí, con gusto los invitaremos a un sancocho en un caney para echarles el cuento.
En sus manos está la posibilidad de que el pueblo le hable de tú a tú a la importación en los anaqueles.
Un pueblo que ya hizo el trabajo inmenso de envasar nuestros sabores con calidad.

viernes, febrero 05, 2016

401 GEDANKENEXPERIMENT


En el año 1812 se utilizó por primera vez el término gedankenexperiment para denotar aquellos experimento conducidos en los pensamientos. Tanto la Filosofía como esa otra rama de ella que es la Física, adoran plantear experimentos mentales como recurso académico. Probablemente el experimento mental físico mas famoso que hay es el que planteó el físico austriaco Erwin Schrödinger para poder explicar como afecta un observador las leyes físicas de la mecánica cuántica. Son experimentos que se plantean sin intención (muchas veces, sin posibilidad inclusive) de llevarlos a cabo físicamente, pero cuya concatenación lógica de eventos permite obtener conclusiones que prueban teoremas.
A veces veo lo que pasa en el país y siento que somos una especie de gedankenexperiment perverso de algún burócrata fastidiado. Lo terrible es que después de inventarse el escenario, estos sí tienen el poder para convertirlo en algo tangible.
Hagamos pues un experimento imaginario.
Imaginemos, hipotéticamente claro está, que el gobierno decide expropiar las fábricas de alimentos para animales. Lo hace alegando seguridad y soberanía alimentaria, por tratarse el alimento la materia prima sensible y fundamental en el proceso de independencia agroalimentaria.
Imaginemos, insisto, hipotéticamente, que los nuevos gerentes de las compañías expropiadas deciden subsidiar el precio por kilogramo del alimento para animales, para que el bajo precio garantice que el producto final sea asequible a la mayor parte de la población.. Para no complicar demasiado nuestro gedankenexperiment, limitémonos al alimento para vacas. El recurso del subsidio es ampliamente usado por todas las naciones. Indudablemente es una de las formas mas democráticas de reparto de la riqueza.
Imaginemos que los nuevos gerentes de la compañía expropiada tienen que aprender como se maneja el negocio de producción de alimento para vacas. No es tan fácil como prender una máquina que hace alimentos o preguntarle a los trabajadores - ¿Mira chico, cómo es que se hace esto? Implica rearmar acuerdos crediticios para importación de materia prima, (si, para hacer materia prima hay que importar otra matera prima)  restablecer sistemas de distribución y cobranza. En fin, aspectos gerenciales que toma sus buenos años lograr. Mientras tanto, imaginemos, la producción de la nueva comida barata para vacas cae estrepitosamente. 
Ahora nuestro experimento imaginario nos ha llevado a un escenario en el que hay muchas vacas hambrientas y poca comida. Corremos el nuevo escenario en nuestros programas de modelo social, y luego de quince segundos la computadora arroja el resultado. Contrabando y mercado negro, dice la pantalla. Obviamente el mercado negro solo lo puede armar quien distribuye.
Imaginemos, hipotéticamente claro está, que el productor, ese que siempre ha estado literalmente sembrado en estas tierras, no quiere ver morir de hambre sus vacas, ni quedarse sin modo de vida. Nuestro experimento, ¡miren que interesante!, acaba de crear tres nuevos tipos de ganaderos: A) Los que consiguen el alimento a precio subsidiado. B) Los que deben comprar el alimento en el mercado negro. C) Los que se quedan sin vacas porque no son amigos de nadie, ni tienen dinero para ir al mercado negro. Un tiempo después, debido a que el éxito de las relaciones financieras es directamente proporcional a la rentabilidad, también desaparece A y sólo queda B.
Volvamos al burócrata que ideó este Gedankenexperiment, uno que por supuesto jamás ha llenado de estiércol sus zapatos recorriendo el campo. En su oficina saca cuentas. La más importante es decidir cuanto cuesta producir un litro de leche. Suma. Suma nómina, metros cuadrados, veterinario, impuestos… alimento para vacas ¡Y listo! Ya sabe cuanto vale producir un litro de leche. Digo vale porque lo que no sabe es cuanto cuesta lograrlo. A su cuenta le suma 30% de ganancia para el productor, no vaya a ser que se nos muera de hambre.
Hay un problema en esta parte de nuestro gedankenexperiment. El precio de kilo de alimento para vacas (principal elemento de costo de la fórmula) que se toma es el subsidiado. Una pequeña paradoja en nuestra fórmula. – Pero señor, el precio real de ese alimento es el del mercado negro, porque es el único que se consigue. Se atreve a decir un técnico menor, de eso que no saben nada de gedankenexperiments.
La paradoja se resuelve fácil ¿Quién manda al productor a incentivar el delito comprando en ese mercado tan poco matemático que es el negro? ¡Lista la solución! El delito es del comprador y no del vendedor. Se queda en nuestra fórmula el precio subsidiado del alimento para vacas y se fija, en función de él, el precio máximo de venta por litro de leche. Llamemos a ese precio omega (Ω).
Resulta que Ω es menos de lo que en verdad es el valor de producción de un litro de leche de vaca (recordemos, por aquello del precio real del alimento que el técnico que no sabe nada notó), así que nos encontramos con un escenario inesperado en nuestro gedankenexperiment: Productores que de vender la leche por arriba de Ω van presos, y si la venden a Ω se mueren de hambre, y al ratito se le morirán de hambre las vacas también.
Que hacer. Que hacer. Que hacer. Piensan y piensan nuestros alumnos ante este interesante gedankenexperiment que les ha planteado su profesor.
¡Ya se! Levanta la mano uno de los más brillantes. ¡Que los productores de leche hagan tortas o dulce de leche y ese lo vendan al precio que si les permita mantener operativa la producción!
Brillante su solución joven, dice el profesor, el único problema es que ya no habrá leche para vender, y se supone que nuestro gedankenexperiment se planteó para que hubiese leche para todos.
Piensan.
No hay nada que hacer. Esta es la solución que da el experimento mental. Así es la ciencia, no siempre da el resultado esperado pero siempre arroja el lógico

jueves, diciembre 31, 2015

400 UN EXTRAORDINARIA VIDA COMÚN


Soy hombre de rituales, manías y obsesiones. Tres aristas de un mismo triángulo en donde la rutina es importante, y quizás por eso diciembre es como un parque de diversiones para mi. Suspirar diciendo ya se acabó el año con fingida sorpresa, pensar que ahora si estoy cansado, contar los días para las vacaciones, comer la primera hallaca del año y decir ¡Ahora si empezó la navidad!, ver que llega la cuenta de la renovación del seguro médico, dejarme crecer la barba hasta enero, planificar regalos, prometer para el próximo año, jurar que no quiero fiesta y hacerla, darle rienda a la melancolía…Todo es parte de un guión predeterminado que necesito, atesoro y trato de cumplir con disciplina espartana cada año.

Parte de esos rituales es resumir. Me gusta resumir. Para mi no existe diciembre sin mi listado de haberes y deberes, soy un nostálgico empedernido, uno de bolero y ron, y esa lista es savia decembrina.
2015 no me la puso fácil. Año difícil para todos, visto con cualquier prisma que escojamos. En este extraño año pasé momentos horribles. Minutos que se volvieron horas y luego días. Instantes que hubiese querido borrar de mi vida, pero es más fuerte mi necesidad de rutina, así que metódico decidí acometer mi viejo ritual aunque pudiese reabrir heridas.

En tiempos digitales es raro quien no deja huella de sus pasos. Algunos somos mas exhibicionistas que otros, pero todos vamos dejando migajas que permiten redescubrir los pasos andados. En mi caso se trata de la red social Instagram, así que me fui por el camino fácil: me puse a ver todas las fotos que publiqué este año. Otros, imagino, podrán hacerlo desde su muro de Facebook, desde sus tuits, desde los artículos publicados, desde las fotos en el celular y hasta desde el historial de visitas de Google. Migajas, migajas, migajas. Burusitas de días.

Encontré que la primera foto mostraba que la página web Prodavinci me abrió sus puertas virtuales para que fuese uno de los columnistas ¡El 5 de enero publiqué mi primer escrito y todavía se me eriza la piel con solo recordarlo!

Es el año en el que comencé a construir mi primer restaurante. He sido empleado y socio, pero uno en donde los ladrillos sean herencia para mis tres hijos y mi única socia mi esposa, no había llegado a mi vida hasta ahora. No se cuando abriremos, pero vamos viendo ladrillo a ladrillo subir el muro de nuestro castillo familiar.

2015 es el año en el que encajaron los engranajes que desde hace algunos años veníamos aceitando entre muchos, y despegó el gran movimiento de emprendedores gastronómicos en Margarita. No sólo eso: el colectivo cultural Margarita Gastronómica llegó claramente a la madurez, pasando a ser sustentable y sostenible; y vi como por quinto año consecutivo unos de los premios de la Academia Venezolana de Gastronomía recaía en Margarita.

Nació la Fundación Fogones y Banderas, con la que mi esposa y yo becaremos a cocineros y financiaremos investigaciones. Tenemos RIF, proyectos, cuenta bancaría, estatutos, presidenta y una biblioteca convertida en oficina. Lo que no es poco decir.

2015 es el año en que escribí un libro que no es de recetas. El día que sentí el peso de las páginas encuadernadas que imprimimos en un cyber, me puse a llorar. Una editorial me rechazó y otra me recogió.

2015 es el año en que mi voto ayudará a construir y no separar.

Vi despegar la marca Shape Design de joyas de mi hija mayor, mi niña pequeña comenzó la universidad, y a mi hijo menor toda la familia le regaló el pasaje para ir a Europa y fue okupa en un edifico abandonado en Turquía.

2015 es el año en que quise irme del país, y decidí quedarme. Fue duro querer irme y duro querer quedarme, pero al final quemé las naves. Puse hasta el último huevo en la cesta llamada Venezuela y me dispuse a amar hasta el infinito sin plan B. Es el año en que hice nuevos amigos entrañables, y eso es muy raro cuando se tienen 50. Por cierto, es el año en que cumplí 50 años y el cumpleaños fue muy bonito. Hay fotos para cada caso. Migajas de mis dudas y revisiones.

2015 es el año en que Valentina Quintero y yo comenzamos a trabajar juntos y ahora vamos a recorrer este país de punta a punta, contando una Venezuela que se construye y reconstruye. Bautizamos nuestra amistad de treinta años en una poza que forma el Salto Ángel.

2015 es el año en que me bauticé católico y pude escoger a los padrinos. También el año en que conocí a Rafael Cadenas. Hay mucha poesía en ambos casos.

Salió mi app de recetas para celulares y fue un fracaso, pero a mi encanta. Empecé mi colección de rones venezolanos. Me regalaron muchos libros. Di mi primera conferencia en inglés.

2015 es el año en que salí de un periodo largo de sequía creativa y comencé a inventar un montón de platos. También el año en que comencé a esbozar la maqueta de mi próximo libro de cocina. Vi fotos y fotos de mis nuevos platos y salivé. Buen augurio.

Cada una de estas escenas está fotografiada. Un año normal, común, tan parecido como al de cualquier otro. Tan lleno de cumpleaños, transformaciones, hijos que crecen, dudas que asaltan y proyectos.

En mi resumen es cierto que ayudó mucho la red social de fotografías Instagram, porque ella hace de filtro natural. Tan sencillo como que es raro, o al menos inusual, que alguien suba fotos de lo feo o triste que le pasó.

Ya lo dije al principio, 2015 también es un año en que pasé momentos terribles, pero tenía dos opciones a la hora de mi ritual de diciembre: o recordaba esos al hacer el resumen de mi año, o entendía que todos tenemos una vida común, pero sobre todo una vida que es extraordinaria.

Feliz 2015 querido grupo, aprovechemos para recorrer migajas y regresar a ese espacio íntimo en donde amamos y somos amados.

miércoles, diciembre 02, 2015

399 LA HISTORIA DE KEIITI Y RAÚL

La historia de Keiiti y Raúl un canto a la amistad; por Sumito Estévez 640A1
Keiiti Aki y Raúl Estévez, en el estado Mérida. Haga click sobre la imagen para ampliarla.
I
Mi padre, Raúl Estévez, geofísico y apureño para mas señas, fue fundador y jefe tanto del Departamento de Física como del Laboratorio de Geofísica de la Universidad de Los Andes. Eran los años de los sueños de construcción de una Venezuela potencia en investigación y tecnología, a finales de la década de los sesenta del siglo que pasó.
A finales de los años ochenta también fundó la Escuela Latinoamericana de Geofísica, un centro maravilloso desde donde durante siete fructíferos años se pensó e investigó mucho sobre esta tierra inquieta que no deja de bailar.
Mi padre quiso traer a Keiiti Aki, el geofísico más importante del planeta, para uno de los congresos de la Escuela. Era imposible pagarle honorarios, en caso de que los pidiera, así que mi papá (estratega excepcional) comenzó a averiguar qué le gustaba al afamado japonés.
Y le dijeron que a Keiiti Aki le gustaba mirar pájaros.
Entonces le hizo una invitación. Eran los tiempos en que las invitaciones se hacían en papel, así que puedo imaginar a Keiiti rasgando un sobre en su oficina de la Universidad de California del Sur y deteniéndose durante algunos minutos a observar las fotos de aves y paisajes de Venezuela que mi padre había colocado en el sobre junto a la invitación.
Así fue como Keiiti Aki aceptó venir.
Mi padre le prometió trinos y paisaje. Bandadas en llanos inundados. Plumas rojas en Falcón. Loros regresando al atardecer en medio de la algarabía citadina. Parques andinos con picos asomándose entre las barbas de los árboles.
Aquel congreso fue en Mérida. Y este tipo de eventos deja pocas ocasiones para el descanso, pero aun así mi padre se las arregló para llevar al pausado japonés de cálida sonrisa a un parque rico en aves.
II
Cuenta mi papá que Keiiti Aki no tenía cámara. ¡Un japonés sin cámara! También me cuenta que se sentó en ese parque y se puso a dibujar eso que veía.
El sismólogo más importante del siglo veinte dibujaba pájaros.
La historia de Keiiti y Raúl un canto a la amistad; por Sumito Estévez 640B
Este fue uno de los dibujos realizados por Keiiti Aki, durante su paso por Venezuela. Haga click sobre la imagen para ampliarla.
Cuando terminó el congreso, mi papá quiso darle un presente significativo a Keiiti y le regaló a Venezuela con contundencia teatral: lo montó en su carro, cruzó los páramos, bajó por el piedemonte andino, comieron carne en vara en Barinas, cruzaron los arrozales de Portuguesa y un poco más allá de San Carlos cruzaron a la derecha, enrumbando la brújula hacia el Hato Piñero.
Mi papá llevó a un japonés a ver pájaros al Edén en la Tierra.
Pero el profesor Estévez no tenía dinero suficiente para quedarse a dormir en el hato, así que le dijo un par de mentiras blancas al sismólogo para excusarse y se fue a dormir a El Baúl. Pero al dueño del único hotel de El Baúl no le pareció atractiva la oferta de mi padre de quedarse a dormir más de una hora y, de paso, sin compañía.
En la noche estaba mi papá nuevamente en la puerta del Hato Piñero y no le quedó otra que confesarle a su invitado que no tenía donde dormir.
Aquella noche Keiiti Aki y Raúl Estévez compartieron habitación como si se tratara de dos estudiantes universitarios.
Fueron dos días maravillosos. Días para ver más de trescientos tipos distintos de aves. Días de chigüires, babas y garzas rosadas.
III
La historia de Keiiti y Raúl un canto a la amistad; por Sumito Estévez 640B2
Carta de Keiiti Aki a Raúl Estévez. Haga click sobre la imagen para ampliarla.
Ya amigos, mi padre tuvo la suficiente confianza para confesarle a Keiiti Aki que lo había estudiado previamente para convencerlo, así que le contó cómo se había enterado de su pasión de observador de aves y cómo había usado eso como señuelo.
Y entonces Keiiti Aki le dijo que jamás había pensado en una ave en su vida. ¡A mi padre le habían dado información errónea!
En vista de la pasión que mi padre mostraba por las aves y por respeto de visitante japonés, él lo había seguido a cada paseo.
Keiiti Aki le agradeció a mi padre haberlo introducido a una nueva pasión y también le contó que ése había sido uno de los viajes más hermosos de su vida.
Antes de volver, Keiiti Aki le dejó como ofrenda a mi padre uno de los dibujos de ese viaje y le dijo: “Raúl, en Japón vivimos para el trabajo. En Estados Unidos vivimos para nuestro estado físico. Pero ustedes, Raúl, viven para la amistad.
IV
Sí.
En Venezuela vivimos para la amistad.
No lo digo yo.
Lo dijo un japonés: el sismólogo más importante del siglo que pasó.